Algo tiene el símbolo del Yin y el Yang cuando la gente se lo tatua, y mucho.
A mí desde que lo conocí me chocaron (de chocante) las esferas de color opuesto en cada mitad, ese poquito de Yang aislado dentro del Yin y viceversa. Más que darle alegría al dibujo, que seguramente se la da, mayormente me producía un pelín de angustia tipo serbobosnia. A veces por el contrario me hacía pensar en pixeles espías incomunicados, durmientes olvidados al acabar una guerra fría del op-art.
Pero hoy en que se escribe tanto de la brecha tecnológica entre generaciones no paraba de ver en las esferas esas, por un lado jubilados geeks en asilos, rodeados de iaios pretecnológicos, algunos con sus teléfonos "especiales" solo para hablar.
En la otra esfera jóvenes atecnológicos, invisibles en las redes sociales, con smartphone heredado, con las apps y launcher de origen, todo el día rodeados de coetáneos que tiran para todo de selfie, con pulgares hiperactivos que van de millennials y tienen miles de amistades en el "face'.
Pero centrémonos en un anciano geek de asilo, porque su vida es más dramática y perroverdiana. Está encerrado en su habitación hablando muy bajito por Skype con su nieto, le está dando acceso a unos archivos encriptados, que guarda en el servidor NAS que instaló en casa, con los que el chaval rooteará el smartphone para ponerle una ROM que flipas.
Lo hace en secreto porque tendría que pasar varios calvarios si se enteran de todo lo que conllevan estos veinte minutos de alegre cháchara abuelo nieto.
El primer calvario: las envidias, unas sanas, otras no tanto, de los que hace mucho que no tienen contacto con la familia. Otro sería la cola para que les dejara utilizar lo que sea que tiene para conectarse a Internet de alta velocidad ( el Wi-Fi del cotolengo ni va ni se le espera). Y si se enteran de que sabe de móviles, se acabaron sus paseos tranquilos por la alameda y sus partidas de ajedrez, no haría otra cosa que atender los " Mírame esto, (alargando el smartphone) que no me va y debe ser una tontería".
El sería feliz viendo el fútbol con algún colega en la terracita de su habitación, o viendo alguna película antigua de las cientos o miles que tiene en ese servidor que instaló en casa antes de ir al "asilo" para venir ligero.
Por eso tiene que pasar por otro atecnológico más. Y lo hace bien, con ese ordenador que se trajo sin una foto, ni un vídeo familiar, en el que en público solo mira el tiempo y las noticias y del que algunos "más preparados" se mofan.
¿Viva la diferencia?
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