-El español es un pueblo que tiene una relación bipolar con la iglesia. O va delante con una vela en señal de fe y amor ciegos, o detrás con el palo del odio, pero pocas o ninguna vez al lado.-
Recuerdo las palabras de aquel Hermano Marista como una de esas verdades absolutas necesarias para formar mi visión de la vida, y sigue como tal porque nunca me ha sido desmentida y porque seguramente las verdades y mentiras consideradas como tales a la edad en que la oí adquieren rango de inmutables.
Nos decía esto para explicarnos como su "profesión" requería modestia ante la alabanza, porque en España, la misma, se puede convertir rápidamente en aires de lapidación y no debe cogerte sin una buena coraza.
Hay profesiones que nunca viven este extrés de ciclos históricos de amor odio. Pongamos a los electricistas, zapateros, churreros y un largo etc.
Pero al igual que los religiosos, otros oficios sí que han tenido en nuestra tierra momentos de exaltación en pro y en contra.
Militares, policía, políticos y en menor grado las prostitutas.
Aunque, a las putas lo que se dice odiarlas, no está tan visto como, eso sí, hacerlas causa de persecución, desprecio, menosprecio, o simplemente aislamiento.
Y lo más parecido a amor de masas o a público reconocimiento es una estatua en Borriana que me dijeron que les estaba dedicada como trabajadoras del amor. Amsterdam la tiene, ¿Por qué no Borriana?
Lo que sí parece que son para una mayoría es un mal necesario.
Esto me recuerda que en un libro de etnología se exponía una costumbre de ciertos pueblos de alejar fuera del centro de los poblados a los herreros. A mí me pareció y aún sigo en la idea de que como en Sibaris, el problema de los herreros es que son ruidosos.
Pero el etnólogo contaba que era por el tema ese de que fabrican los utensilios de la muerte, de verter sangre. Por lo tanto eran seres impuros, con un oficio impuro, pero un mal necesario.
Y siguiendo con los males necesarios: son la leche, a veces no los entiende ni el que los consiente, provoca y u ordena.
Pero verter sangre es necesario si te gusta el chuletón y, a veces, nos dicen los historiadores sí ha comenzado una inercia de destrucción muy grande en la que se prevén masacres y con cuatro muertos lo paras de cuajo.
Y claro para pararlo, impepinablemente, se necesitan unos hombres que blandan la espada, disparen la bala o peguen cuatro ostias.
Pero hace treinta y pico años conocí dos hombres de estos, uno por casualidad y otro no tanto, en distintos escalafones de ese mal necesario que es la represión en pos del orden.
Uno de estos policías que me impacto, era un hombre al que conocí en el vagón de un tren. Borracho, con su ropa de antidisturbios enrollada precipitadamente, contando a todos que iba a entregarse porque había desertado.
El motivo era sencillo para él. Estaba recién reclutado, formado para reprimir una manifestación de sindicalistas ferroviarios, gente que reclamaba en favor de los recién contratados por RENFE con sus derechos muy dañados por la crisis del momento. Trabajadores que no pedían para ellos sino para otros como su propio hermano.
Ni un sueldo, ni las consecuencias de una deserción pudieron hacerle
dudar sobre lo que consideró justo.
Con el otro hablé sobre el acoso por las fuerzas de orden público a unos hombres, que desde lo alto del Miguelete, pedían lo que hoy llamamos subsidio de desempleo, .
No muy contento, me dijo que ellos reciben órdenes, pasan las órdenes y ejecutan las mismas.
Muchos familiares de aquel policía han cobrado, cobran y, seguramente, cobrarán lo que aquellos y otros trabajadores hambrientos consiguieron, y a los que él y sus compañeros acosaron y pegaron.
Durante años he tenido una buena relación con este último. No sé si hubiera sido igual si los que hubieran pasado hambre y recibido los palos fuéramos yo o los míos.
Su labor es muchas veces dura, increíblemente dura. Y cuando salva vidas, encuentran asesinos, o nos multan por ir demasiado deprisa, creo que deberíamos tener el impulso de agraderselo, felicitarlos.
Pero cuando golpean a indefensos ciudadanos, aunque podamos pensar que es para evitar un mal mayor, aunque podamos o quisiéramos creer que asiste la razón a quien se lo ordenó, creo que el silencio hacia su labor debería ser nuestra única manifestación.
Todo lo demás, a mi parecer, es de mal nacidos.
Porque cualquier persona que fomente la insensibilidad ante los males necesarios lo es.
Porque como buenos españoles, que decía aquel Hermano Marista, pasarán de ir delante con un cirio, a ir detrás de la policía con un palo y viceversa. Porque ir al lado y preocuparse por su vida diaria, por la dignidad de esa vida diaria no está hecho para malnacidos.
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