Pues sí, si la ignorancia oliera sería a orín de infante y no de la marina. Por el contrario la erudición lo haría a perro viejo y muerto.
Y no lo dijo un hombre, que cual mi mismo, alardea de que su memoria se encuentra entre su smartphone, Pen Drives y algunos terabytes más en discos duros con y sin ruidito. Lo dijo un filósofo japonés cuyo nombre no recuerdo. Moviéndome así entre ambos conceptos, erudición e ignorancia.
El filósofo éste, estaba en la línea del dicho valenciano "si vols ser poeta tingues la feina feta" o como nos dejó Jesús el Cristo según Mateo 7:16-21 "Por sus frutos les conocereis" o ya mi padre, cazurro (por leonés) de adopción, que solía desconfiar, siempre, de los listos de barra de bar diciendo: "si quieres saber la leche que da el mico, mírale para el hocico".
Y que casualidad, que el japonés, los campesinos valencianos, el profeta y mi padre hayan llegado a la misma conclusión. Eso sí, unos con más prédica que otros y por lo tanto más predicamento.
Tertuliano, fue un romano tunecino, padre de la Iglesia al que pintan con turbante y que si viviera en este siglo se cambiaba el nombre. ¿Por qué? diréis, pues porque con político profesional, tertuliano, es un "oficio" que a primera vista piensas para ese hijo del vecino con escasas habilidades.
Aunque políticos hay de vocación y de gran utilidad, por lo menos aquellos cercanos, que nos facilitan el día a día, poniendo más contenedores y cosas así. Pero tertulianos, parecen paridos para aplicarles la máxima:
El conocimiento no equivale en sabiduría, la sabiduría consiste en hacerlo
Y ya a lo Clinton:
¡Imbécil!
Comentarios
Publicar un comentario